Síguenos en Facebook

Tener cómo resolver situaciones imprevistas ha sido siempre una necesidad que el humano ha puesto como prioridad. No siempre fue con dinero, ni a todos nos afecta por igual. La mujer ha sido administradora del hogar desde siempre. El hombre era proveedor único y su compañera se encargaba de repartir y de que nunca faltara.

No siempre el macho traía comida, pero en la cueva no faltaba alimento. La mujer, de una forma u otra, ponía comestibles sobre la mesa. O guardaba del día anterior, o conseguía algo con la vecina o hacía algún malabarismo para que nadie pasara hambre cuando el proveedor no suplía. Hoy la mujer es también proveedora, pero no es el caso que quiero abordar en este escrito.

Para suplir imprevistos debemos tener una liquidez extra. No el flujo de caja normal, que es con lo que compramos en el día a día, y está presupuestado. Me refiero a una enfermedad, pérdida de empleo o cualquier eventualidad que no previmos con algún mecanismo, como un seguro, por ejemplo.

Siempre he recomendado tener el equivalente a por lo menos los ingresos de tres meses de manera líquida. Claro que no es debajo del colchón, ni tiene que ser para el mismo día. Si perdemos el trabajo, por ejemplo, podemos vender en los siguientes días, semanas y hasta meses.

Veamos algunas directrices:

• Por edad. Alguien que está en plena edad productiva tendrá opciones de estar produciendo en poco tiempo. Ya pasados los 50 años debe pensar en una liquidez de menor plazo. Una persona retirada no necesita inversiones de largo plazo, sino su dinero produciendo para aportar a su calidad de vida.

• Por responsabilidad. El que mantiene una casa o tiene compromisos mensuales, como alquiler o deudas que no podrá saldar si no tiene ingresos, debe tener más a mano su capital.

• Por imagen crediticia. Si su reputación es buena podrá conseguir rápidamente dinero, por lo que puede invertir su capital a mayor plazo.

• Por nivel de vida. Mientras más alto más fácil será reducir gastos, aunque más difícil será que tome ese camino.

• Por posibilidades a la mano. Familiares que sacan de problemas suelen ser una seguridad en caso de emergencias... pero recuerde pagar para que mantenga abierta esa opción.

Veamos ahora los tipos de liquidez:

• Inmediata. Dinero que se puede tener en mano justo al día siguiente.

• De mediano plazo. Diría que todo lo que pueda hacer líquido entre uno y cuatro meses. Certificados financieros, con y sin penalidades, bonos con posibilidad de venta rápida, fondos de inversión, etc.

• De largo plazo. Inmuebles. También podríamos poner las inversiones que, aunque se puedan vender, tienen el riesgo de pérdida de capital por vender por obligación, como son los bonos y otros tipos de títulos que se venden en bolsa. Si se pueden vender son de mediano plazo. Aquí entran también las acciones de empresas, podría ser rápido, pero también muy lenta una opción de venta.

• Adelantada. Las tarjetas de crédito traen un primer respiro, cerca de un mes. Posibilidad de préstamos, por una buena reputación crediticia. Parientes cercanos dispuestos a ayudar. En fin, todo lo que pueda conseguir que no sea suyo.

Como explico en mi libro Arco Iris Financiero el monto de mi liquidez debe estar a mediano plazo. Y no tengo que preocuparme de un fondo de emergencia si mi imagen crediticia es buena.

Fuente: https://www.diariolibre.com/economia/que-tipo-de-liquidez-necesito-JC7949694

Compartir
¿Qué tipo de liquidez necesito para resolver situaciones imprevistas?