Edwin Rivera, un falso abogado dominicano que fue arrestado y condenado tres veces entre 2008 y 2016, de 71 años de edad, volvió a la carga inventándose una “iglesia” en El Bronx para estafar a docenas de inmigrantes indocumentados a quienes les garantizó que les conseguiría visas religiosas con inmigración, cobrándoles millares de dólares, según un comunicado de la oficina de la Procuradora General del Estado, Letitia James, divulgado ayer martes. 
 
"Edwin Rivera es un delincuente reincidente que ha engañado, defraudado y se ha aprovechado de inmigrantes vulnerables que buscan ayuda legítima para obtener su estatus legal", dijo James en el comunicado. 
 
"Rivera no solo ha engañado a innumerables personas con miles de dólares al pretender ser un abogado de inmigración, sino que también ha capitalizado el intenso miedo y ansiedad creados por la administración Trump", agrega la declaración de la fiscal general del estado. 
 
Rivera está demandando a la procuraduría estatal por $100 millones de dólares, alegando que fue calumniado con una sarta de cargos falsos en sus arrestos anteriores. 
 
La procuraduría ha estado procesando a Rivera por más de una década. 
 
La fiscal James dijo que en 2004, Rivera colocó varios anuncios en español en un periódico local, haciéndose pasar como un abogado que podría ayudar a los inmigrantes a obtener estatus legal a través la ley Dream Act (Acta del Sueño) que no fue aprobada por el congreso. 
 
A Rivera un juez también le prohibió hacer publicidad falsa y mantener una conducta engañosa, pero no cumplió. 
 
Desde 2005 hasta 2016, la procuraduría estatal presentó cuatro mociones de desacato y obtuvo una orden en 2008 que prohibía permanentemente a Rivera proporcionar servicios de inmigración en el estado de Nueva York. 
 
La oficina dijo que cumplió tres condenas en la cárcel, la más reciente de 30 días después de la condena de 2016. 
 
Los inmigrantes afirman que fueron víctimas de Rivera, quien tiene antecedentes de problemas legales y fue arrestado hace tres años por declarar falsamente ser un abogado de inmigración. Dijeron que esta vez, que Rivera se les acercó en las iglesias locales a las que pertenecen y les dijo que podían calificar para visas religiosas. 
 
"El pastor trajo a este tipo que se vendió como experto en leyes de inmigración y experto en visas religiosas", dijo el abogado Aníbal Romero, que ahora representa a 20 de los inmigrantes estafados y aclaró que ninguna de las víctimas de Rivera, califica para ese tipo de visa. 
 
"Y ahora muchos de ellos están en problemas porque han presentado documentos fraudulentos y podrían ser deportados de los Estados Unidos", añadió Romero. 
 
Dijo que muchos de sus clientes provienen de comunidades indígenas en Ecuador, donde el español no es su lengua materna, mientras que otros provienen de México. Explicó que está trabajando con ellos de gratuitamente para explorar formas legales para que permanezcan en los Estados Unidos, como cooperar con las autoridades para obtener una visa U que se otorga a víctimas de delitos. 
 
Uno de los inmigrantes estafados, Juan Lemanche, que vino a Estados Unidos de Ecuador hace más de una década, dijo que Rivera también les ofreció conseguirles la residencia permanente como religiosos “Nos enamoramos de eso”. 
 
Lemanche explicó que conoció a Rivera en una iglesia evangélica protestante en Harlem el año pasado, y le pagó $4,000 por adelantado para comenzar el proceso de solicitud, más una tarifa de $435. 
 
Dijo que otros en su iglesia hicieron lo mismo y no obtuvieron ningún recibo formal, pero Rivera les aseguró que el proceso tomaría entre ocho meses y un año. 
 
El ecuatoriano relató que Rivera les dijo que para calificar para la visa religiosa, tenían que ser voluntarios en un grupo llamado “Programa Homeward Bound” con base en El Bronx, que en realidad no es una organización benéfica registrada, pero tiene un sitio web a nombre de Rivera. 
 
En la entrada de las oficinas desde donde Rivera, hacía las estafas, hay un cartel que promociona “servicios religiosos”, fungiendo como una pequeña iglesia, a la que los estafados tenían que ir los domingos para pasar como fieles de la congregación que nunca fue registrada legalmente.